A través de todos los seres va un espacio:
el espacio interior del mundo. Los pájaros nos
traspasan en vuelo silencioso. ¡Ay! Yo soy el que quiero crecer,
miro hacia afuera, y en mí crece el árbol.
Rainer-Maria Rilke


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Según la filósofa francesa Simone Weil, tener raíces es la necesidad más importante y menos reconocida del ser humano. Alén das raíces parte de esta idea, de la comparación del individuo con la figura del árbol y el enraizamiento como necesidad de arraigo y de crecimiento continuo. A través de ellas se construye un autorretrato poliédrico fuertemente marcado por el contexto personal y basado en la autocontemplación tanto del propio sujeto como de su entorno más cercano.

Los árboles aparecen como representación de la naturaleza simulada dentro de la ciudad. Establecen un diálogo con los autorretratos, un juego entre lo que es mostrado y lo que permanece oculto, lo que aparece y desaparece. Estas comparaciones crean una especie de símil entre el individuo y los elementos naturales en el ámbito urbano, ambos situados en un lugar que les resulta ajeno, apartados de su lugar de origen.